domingo 5 de octubre de 2008

Terapia y danza

Cuando comencé a dar mis primeros masajes profesionalmente nada más salir de la escuela y sin apenas experiencia, tuve la gran suerte de encontrarme con Carmen Navarro, una prestigiosa esteticista especializada en terapias holísticas y técnicas orientales que me dio mi primera oportunidad en el sector y de la cual aprendí grandes cosas. Con Carmen comprendí que todo lo que había aprendido hasta el momento debía dejarlo en un segundo plano e incluso olvidar muchas cosas, porque solo eran conceptos que conseguían atarme y no daban rienda suelta a la creatividad, al arte, a la libertad y a tantas otras cosas de las que no solo yo debía disfrutar sino que también podía transmitir. El masaje como terapia abría sus puertas a muchas otra virtudes que tenían un mismo fin y procedencia, la energía universal, y que si eran utilizadas al mismo tiempo se enriquecían mutuamente generando un bienestar mucho mayor. Así empecé a dar masajes a mis clientes de una forma distinta, en la que el movimiento sobre la piel se convertía en baile, una danza de la salud y el bienestar que fluía no solo por el cuerpo de quien recibía el masaje sino también por el mío propio. Ni siquiera necesita ver, la luz de unas velas era más que suficiente y en ocasiones cerraba incluso mis ojos para sentir más a la persona que tenia a mi lado y discurrir suavemente por su cuerpo para encontrar su equilibrio. Los resultados obtenidos eran increíbles, muchas personas encontraban en mis manos alivio para males imposibles de curar y que se escapaban a mis conocimientos terapéuticos sin que yo pudiera dar crédito a lo que ellas me transmitían con sus palabras de agradecimiento constante.
Ha pasado el tiempo y desgraciadamente yo me he visto en una situación en la que soy yo ahora quien necesita de las terapias tanto físicas como psíquicas para poder seguir adelante y el universo me ha devuelto el bien que yo había hecho en forma de danza de nuevo. He descubierto la danza del vientre y he encontrado en ella una terapia más efectiva que cualquiera de las que muchos me han recomendado.
La danza deja fluir las energías por todo mi cuerpo encontrando un mayor equilibrio. Las tensiones acumuladas se deslizan por él hasta que se pierden con la inercia de mis movimientos espontáneos. Una nueva flexibilidad aparece haciéndome creer que mi cuerpo es mucho más etéreo, como si en mi interior no existieran huesos ni músculos, solo aire y luz. Cuando me veo bailando me descubro a mi misma mucho más sensual, elegante y queriéndome mucho más, siento que las barreras pueden superarse y que no debo temer nada porque estoy llena de una energía que lo resiste todo.
Danza como terapia y terapia como danza.

Música del blog

Discover the playlist Blog Asyut with Tim Wheater & David Lord

Que nuestra fauna no se quede solo en películas para el recuerdo